martes, 15 de mayo de 2007

NOTICIA
BOGOTÁ COMIENZA SU AÑO COMO CAPITAL MUNDIAL DEL LIBRO EN MEDIO DE LA VIGÉSIMA EDICIÓN DE LA FERIA DEL LIBRO


Primera ciudad latinoamericana proclamada Capital Mundial del Libro

Con una majestuosa muestra de juegos pirotécnicos Bogotá celebró el reconocimiento otorgado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Desde hace más de seis meses Bogotá había emprendido el camino hacia el reconocimiento que hoy la enmarca. Compitiendo por el reconocimiento contra países como Argentina, Austria, Holanda, Irlanda y Portugal, la capital colombiana logró demostrar que culturalmente es un ejemplo mundial que promueve e impulsa la cultura del libro y del lector.

Gracias al desarrollo de la industria editorial colombiana, la construcción o adecuación de bibliotecas tanto públicas como privadas, el calendario cultural y en especial la campaña “Libro al viento” realizada para promover la lectura popular en la ciudad, la UNESCO hizo merecedores a los capitalinos de un reconocimiento cultural significativo en medio de la feria más importante del año.

Bogotá se unió a diferentes ciudades capitales del Libro como Madrid (2001), Alejandría (Egipto, 2002), Nueva Delhi (India, 2003), Amberes (Bélgica, 2004), Montreal (Canadá, 2005) y Turín (Italia2006), gracias a todas las acciones que desde el sector público y privado se vienen desarrollando en la ciudad, en pro del fomento a la lectura y la democratización del libro.
Luis Eduardo Garzón, alcalde de la ciudad, fue el encargado de recibir en el auditorio José Asunción Silva de CORFERIAS, de manos del alcalde de Turín Sergio Chiamparino, la estatuilla en forma de libro que hizo de Bogotá la Capital oficial del Libro 2007.

Desde muy temprano en honor al reconocimiento, en diferentes planteles educativos, se realizó una jornada de lectura de Cien años de soledad. Sesenta jóvenes se dieron a la tarea de realizar esta misma lectura en el sistema de transporte masivo de la ciudad Transmilenio.

En el pabellón Gabriel García Márquez de CORFERIAS desde las 10:00 am hasta las 8:00 pm se realizó la lectura ininterrumpida por 100 personalidades de Cien años de soledad. Al acto concurrieron desde el biógrafo de Gabo hasta el presidente de la república Álvaro Uribe Vélez, que con su lectura rindieron homenaje al Nobel.

Al mismo tiempo, en diferentes puntos de la ciudad se cumplía con la agenda predispuesta. Diferentes actos a lo largo del día engalanaron la capital, BibloRed despierta, palabra en movimiento, Bogotá lee, sinfonía de campanas en toda la ciudad, el espectáculo de Juegos Pirotécnicos en las tres mega bibliotecas (Tintal, Virgilio Barco y Tunal) y conciertos de cierre en estas tres bibliotecas.

Igualmente en la tarde en las tres mega bibliotecas y en Suba se realizaron evocadoras tertulias santafereñas en las que los abuelos poseían un espacio único de encuentro alrededor de la literatura. Se unieron a este acto la lunada literaria en Suba y la pijamada infantil, una mágica velada de lectura de cuentos.

Con estos actos no culmina toda la celebración y todo el trabajo que como Capital Mundial del Libro, Bogotá debe realizar. Hasta el 23 de abril de 2008 Bogotá es responsable de llevar a cabo más de 80 proyectos estructurados alrededor de este premio y de siete temas fundamentales como los escritores de ahora y mañana, el periodismo y la crítica y Bogotá, ciudad de lectores y libretos.
NOTICIA
BOGOTÁ CAPITAL MUNDIAL DEL LIBRO 2007-2008 CELEBRA CON LA MEJOR FERIA DEL LIBRO DE TODOS LOS TIEMPOS

La Feria superó todas las expectativas y fue sin querer queriendo

Con grandes incrementos porcentuales en las ventas para la mayoría, y con casi 300 mil visitantes, la 20ª versión de la Feria Internacional del Libro de Bogotá se posicionó como la mejor en toda la historia del evento.

El primer fin de semana no fue el mejor para la Feria del Libro; el clima se convirtió en el mayor percance que tuvo que afrontar, se esperaba que más personas acudieran al evento y su ausencia hizo pensar que podría arrojar cifras desalentadoras como las de su última versión en el 2006.

Otro punto que podía llegar a desfavorecer a esta versión de la Feria, es que se realiza simultáneamente con la de Buenos Aires, capital Argentina, y por ende, diferentes personajes prefieren dirigirse a dicha capital que asistir a los eventos aquí programados.

Sin embargo, con el pasar de los días el clima comenzó a mostrarle la cara amable a la Feria. Días soleados y con pocas lluvias beneficiaron la llegada de nuevos visitantes. Caminos predispuestos para pasar de un pabellón a otro resguardándose de las lluvias también contribuyeron a que las personas se sintieran más cómodas.

Los diferentes eventos realizados y la presentación de gran cantidad de libros de diferentes autores como Mario Mendoza, Pilar Sordo y Jorge Cardona contribuyeron a la compra de éstos, y los descuentos por parte de algunas editoriales como Panamericana incentivaron tanto a jóvenes como adultos a adquirir más de uno.

A pesar de ello la cima de la Feria Internacional del Libro se presentaría el último domingo de ésta cuando el escritor, guionista, actor, director, dramaturgo, comediante y cantautor mexicano Roberto Gómez Bolaños haría la presentación de su libro, frente a más de 800 seguidores en el auditorio José Asunción Silva, “Sin querer queriendo”; un texto en el que recopila sus memorias y relata sus impresiones frente a diferentes acontecimientos históricos.

El domingo 29 de abril, 53.373 personas entraron a la Feria; muchas de ellas con la expectativa de conocer en persona a “Chespirito”, logrando así el mayor número de personas registradas tanto en la Feria Internacional del Libro de Bogotá como en CORFERIAS. Además se vendieron los 3.000 ejemplares del libro de memorias de Gómez Bolaños y cientos de libros más en todos los pabellones lo que hizo que la 20ª versión de la Feria Internacional del Libro se convirtiera en un evento inolvidable para muchos y ejemplo para otros.
CRÓNICA
Bogotá en proyección

Por Juliet Rodríguez Cuevas

Eran las 5:30 p.m. del viernes 27 de abril de 2007, llegó a mí una invitación para la proyección fotográfica de Bogotá en imágenes de esa misma noche en el Salón Madre Josefa del Castillo de CORFERIAS, que hacía parte de la agenda cultural de la 20ª Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Llegué a la entrada a las 6:45 p.m., al acceso del arco por la carrera 40, allí me estaba esperando Ricardo, mi novio, quien tenía las boletas. Nos dirigimos a la entrada por la parte izquierda en el lugar donde se reciben únicamente las invitaciones. Entregué la mía a una mujer que la tomó y le rompió la parte inferior, pasé una registradora no sin antes agradecerle por aquella atención. Unos pasos más adelanté una mujer me detuvo y pidió mi invitación arrancándole la esquina superior derecha, tomé lo que quedó de esta y salí rápidamente.

Tomé la invitación y busqué con la mirada el lugar en el que tendría lugar la proyección. Nos dirigimos hacia el pabellón seis pensando que el salón Madre Josefa del Castillo quedaba allí. En la entrada nos acercamos al lugar de información para verificar, un joven tomó mi invitación, la leyó y nos indicó hacia dónde dirigirnos. Nos explicó que era el pabellón número dos y que debíamos salir e ir hacia la derecha. Caminamos varios metros y tras un carrito de venta de crispetas vimos un letrero en naranja que indicaba que habíamos llegado al lugar correcto. Se veía muy organizado el lugar y me invadió una ansiedad inmensa por entrar.

Eran ya las 7:17 p.m. a la entrada del salón, una mesa al lado izquierdo nos recibió, tras ella varios paneles ocultaban el auditorio en donde se realizaría la proyección. En la mesa ofrecían desde vino en copas de cristal hasta tinto en vaso desechable. Muchas personas se encontraban agolpadas en busca de algo de lo que se ofrecía, inclusive algunos se quedaban allí para repetir. Ricardo y yo preferimos seguir hacia el auditorio, era pequeño pero acogedor, en una mesa central había gran cantidad de equipos destinados para la proyección y en la tarima una mesa, un atril y una pantalla un poco pequeña. Decidimos tomar asiento en la tercera fila, el acto parecía se iba a retrasar, una mujer se acercó al atril y pidió excusas por la tardanza, explicó que el fotógrafo se merecía una pantalla adecuada para su presentación y que estaban trabajando para cambiarla.

Mientras tanto, conecté mi cámara a un interruptor para cargarla y poder llevar un registro fotográfico del evento. Pasaron algunos minutos y al pabellón arribaron dos hombres que rápidamente armaron la pantalla necesaria para la presentación. El acto dio inicio a las 7:25 p.m., la música de fondo transportaba al lugar de cada una de las obras que el fotógrafo Cristóbal von Rothkirch había plasmado en sus libros, y ahora podíamos ver detalladamente secundadas de anécdotas o chistes por parte de su creador. Cada fotografía poseía historia propia y permitía ver cada rincón de la capital colombiana.

Pasaron alrededor de 300 fotografías repartidas en los cuatro libros de Rothkirch: cerros de Bogotá, Bogotá viva, Bogotá desde el aire y Bogotá 360º la ciudad interior. Con cada una de ellas pude observar algo nuevo en la ciudad y me sentí extasiada por el maravilloso trabajo que durante muchos años ha venido realizando este fotógrafo colombiano.

El tiempo transcurrió velozmente. Eran ya las 9:20 y la presentación debía terminar, el expositor se apresuró a concluir la proyección, mientras un mesero servía maní a todos los asistentes. En medio de chistes y con un gran aplauso finalizó la velada, nos pusimos en pie y nos dirigimos a la salida. Salí con una sensación indescriptible, era una mezcla de sentimientos increíble. Salimos del auditorio, todo ya se encontraba oscuro y desolado a esa hora, algunos asistentes al evento preferían quedarse un rato más en la puerta hablando de la proyección. Ricardo y yo preferimos salir, caminamos hacia la salida de la Avenida La Esperanza, hacía mucho frío y no sentía que fuera seguro quedarnos más tiempo.

Al llegar a la salida había una gran cantidad de personas esperando por un bus o por un taxi para regresar a sus hogares. Nosotros decidimos tomar un taxi, era lo más apropiado para los dos. Mientras se alejaba aquel vehículo amarillo, giré mi mirada hacia CORFERIAS, cada vez se veía más pequeño pero la grandeza de todos los conocimientos que allí se imparten, hacían que en mi mente se viera cada vez más grande y que cada detalle que había tenido la oportunidad de apreciar, se aferrara a mi memoria.
CRÓNICA
Cien leídos por los cien

Por Juliet Rodríguez Cuevas

Luego de un largo recorrido en bus, pude ver el arco gris e imponente en la entrada de CORFERIAS. Eran las 10:30 a.m., me dirigí a la entrada y un sentimiento de nimiedad me invadió ante aquel lugar lleno de conocimiento, literatura, cultura y sabiduría. Me acerqué a la taquilla restringida por varios barrotes negros y mostré mi carné de la universidad a una mujer que ignoró aquel hecho. Tomé de mi billetera los 4500 pesos que cuesta la boleta para un estudiante, pagué y tomé de la ventanilla el pase hacia una de las ferias más grandes e importantes del país.
Caminé algunos metros y pude observar que no había ninguna persona que me fuera familiar. En la entrada una mujer muy amable, con una sonrisa en su rostro, recibió mi boleta y prosiguió a entregarme la mitad de ésta. Unos cuantos pasos más allá, un policía registró mi bolso sugiriéndome registrar mi cámara de video, para evitar inconvenientes futuros, señalándome a su vez el lugar en el cual lo podía realizar. Me dirigí hacia una ventanilla cercana al lugar de parqueo en la que una mujer pidió mi nombre, número de documento y los últimos cuatro dígitos del serial de mi cámara. Tomó atenta nota de mis datos registrándolos en un formato de libreta y me entregó un recibo, no sin antes informarme que debía entregarlo a la salida del recinto.

Ya eran las 10:50 a.m. di la vuelta y comencé a caminar en dirección al pabellón número seis. Tomé algunas fotografías de la entrada, de las fuentes y la decoración del lugar. Con pasos cortos para poder observar en detalle todo el entorno, tracé mi rumbo hacia el pabellón Gabo del alma, el pabellón 11 de CORFERIAS. A esa hora la Feria del Libro ya contaba con cientos de personas divagando por cada pabellón. Tras varios metros recorridos, me encontré frente al pabellón 14; el de Diseño Gráfico y Caricatura, busqué rápidamente con la mirada la entrada al pabellón 11 que se encontraba tras una carpa pequeña que resguardaba un cajero automático y me apresuré a observar que sucedía en su interior.

Me posé justo en frente de la entrada, dudé un momento en ingresar, sentí miedo de que por alguna razón no me permitieran ingresar al lugar o me pidieran algún tipo de credencial las personas que se encontraban en la entrada sentadas tras una mesa con varios papeles. Sin embargo, me armé de valor y con firmeza ingresé, procuré no mirar a aquellas personas y seguí adelante. Me encontré con una maravillosa exposición de las diferentes ediciones existentes de los libros escritos por el Nobel de literatura colombiano, Gabriel García Márquez, bien resguardadas tras un panel en vidrio. Las paredes y cada uno de los paneles que formaban un laberinto por el pabellón tenían marcada la historia del Nobel y de sus novelas.

Al fondo se escuchaba la voz de un hombre, distorsionada por un micrófono, y confundida en el ruido del pabellón. El sonido comenzó a guiar mis pasos, sentí como la intriga me invadía, comencé a ver cámaras, luces y a sentir la voz cada vez más fuerte. Me detuve justo en la entrada, lo primero que observé fue al señor Jaime Agudelo frente al auditorio tras un atril siguiendo la lectura de Cien años de soledad, comencé a inspeccionar el lugar, rincón por rincón. A los primeros que vi sentados siguiendo atentamente la lectura fue a varios de mis compañeros de la universidad, quienes se encontraban en la cuarta fila, inquietos debido a las personas que allí se habían dado cita para leer la obra del Nobel y por el acto como tal.

Pude observar que para las personalidades invitadas a leer Cien años de soledad estaban seleccionados diferentes lugares en el auditorio. El lado izquierdo del auditorio estaba únicamente dedicado para ellos y para parte de la prensa. Era un lugar agradable con sillones cómodos y con meseros que estaban atentos ante cualquier petición por parte de los invitados. A la derecha del auditorio, se encontraban asientos disponibles para los asistentes interesados en la lectura del libro y un sillón en donde se podían sentar los próximos llamados a leer.

Observé mi reloj, eran ya las 11:25 a.m., examiné cuidadosamente todo el lugar y mi mirada se quedó clavada en una de las personas próximas a leer, era Vicky Dávila a quien he admirado y admiro profundamente. Avancé algunos pasos hacia el auditorio y tomé asiento en la penúltima fila sin apartar mi mirada del atril por el cual ya habían pasado Alí Humar y María Emma Mejía. Transcurrió bastante tiempo, entraban y salían del auditorio camarógrafos, periodistas, escritores y curiosos. Aproveché esta oportunidad para tomar algunas fotos e inclusive abordar a algunos de ellos para conseguir una entrevista. En medio del acoso de muchas personas logré formularle algunas preguntas a Jorge Alfredo Vargas y una foto con Vicky Dávila.

Me aparté un poco de la muchedumbre y tomé asiento de nuevo para continuar atenta a la lectura del libro. Desafortunadamente el tiempo corrió rápido e inesperadamente llego la hora de partir, ya era la 1 de la tarde y debía asistir a mi clase de inglés en la universidad. Con gran tristeza y nostalgia comencé a abandonar el pabellón, giré mi mirada hacia atrás anhelando poder admirar la lectura de ese maravilloso libro por más tiempo. Comencé a escuchar cada vez más lejos la voz de la mujer que leía, hasta que se esfumó por completo. En la salida algunos de mis compañeros se retiraban también de aquel evento, me despedí de ellos y seguí mi rumbo hacia la Avenida La Esperanza en donde me aguardaría de nuevo el camino de regresó. Cada paso me alejaba más de aquel lugar lleno de conocimiento, pero a la vez me acercaba a un día nuevo en el que otra vez ese arco gris me permitiría estar a sus pies para admirar la grandeza de la literatura mundial.
CRÓNICA
“Golazo en la Feria”
Por Juliet Rodríguez Cuevas

“Los invitamos a participar del lanzamiento del CD tácticas y estrategias del fútbol realizado por el director técnico de la selección Colombia, Jorge Luis Pinto, en el pabellón número 3”. Esta voz proveniente de los altoparlantes de CORFERIAS, justo en el momento en que me dirigía al pabellón juvenil, hizo que desviara mi camino.

Llevaba alrededor de una hora en la Feria del Libro de Bogotá, eran las 11:30 de la mañana del último día en que ésta abriría sus puertas. Llevaba grandes expectativas, deseaba ver el final del magno evento que por trece días engalano no sólo a CORFERIAS sino a Bogotá.

Retrocedí justo por el mismo camino que me había llevado al pabellón 17, avance varios metros hasta llegar a la entrada del pabellón número tres. Decidí comenzar la búsqueda del técnico en el segundo nivel, me encontré con varios laberintos que formaban los paneles de cada universidad o centro educativo presente en la Feria exponiendo sus publicaciones. Busqué a Jorge Luis Pinto y al no encontrarlo noté que se hallaba en el primer nivel. Bajé por la rampa del pabellón que da la cara a la plazoleta de las banderas.

Me encontré de nuevo en el mismo lugar donde inició mi búsqueda, en la entrada del pabellón 3 de CORFERIAS. Opté por iniciar mi búsqueda en orden estricto por todo el pabellón, decidí comenzar mi búsqueda por los stands 200 al 300, que van de norte a sur del pabellón al lado izquierdo, visto desde su entrada principal. Observé cuidadosamente sin hallar siquiera un rastro del director técnico.

Ahora mi búsqueda continuaba por los stands 300 al 400 esta vez de sur a norte. Todos mis sentidos estaban puestos en la meta de encontrar a Pinto, deseaba poder entrevistarlo, preguntarle cómo va la selección y por qué un hombre de fútbol asiste a un evento como la 20ª Feria Internacional del Libro de Bogotá. La ansiedad estaba comenzando a invadirme, comencé a sentirme intranquila y a preguntar en cada uno de los stands, si se sabía el paradero del “profe”.
Continué ahora del stand 400 al 500 de norte a sur, ya estaba perdiendo la esperanza, llegué a pensar que mi oído había fallado y Jorge Luis Pinto se hallaba promocionando su nuevo CD en otro pabellón. Sin embargo, algo me decía que no perdiera las esperanzas de lograr una entrevista.

Eran ya las 11:45 de la mañana cuando pude ver a lo lejos a algunas personas aglutinándose en un stand pequeño, al lado de la puerta lateral que da al pabellón 4, el pabellón de Chile. De inmediato supe que se trataba del director técnico de la selección Colombia. Me acerque y al verlo perdido tras muchas personas que buscaban al igual que yo una entrevista o una foto, me llené de ánimo y busqué alguna forma para poder acercarme a él.

Logré escabullirme por entre algunas personas y de repente estaba al lado de Jorge Luis Pinto. Alisté mi cámara para no desaprovechar ninguna oportunidad que se me presentara para poder formularle al menos una pregunta. El “profe” se encontraba de pie al lado de una mesa negra pequeña en la que dos hombres esperaban que Pinto les concediera una entrevista. Vi una silla vacía y decidí tomar asiento, no para descansar, sino para aprovechar que el director técnico se tomaría allí algunos momentos para la prensa, para mí.

Tomó asiento y aproveché para encender mi cámara, enfocarlo y formularle algunas preguntas. No soy fanática del fútbol, pero si me agrada y tengo algunos conocimientos sobre este deporte gracias a que me rodean dos hombres apasionados por el fútbol. Le realicé algunas preguntas que amablemente respondió.

Me tomé varias fotos con él y pude corroborar que es un gran ser humano, que sabe hacia dónde quiere dirigir el fututo futbolístico colombiano y que en su vida tiene una gran importancia al maravilloso mundo literario y cultural. Gracias a Pinto pude comprobar que sin importar la profesión, la edad o la raza en un mismo libro todos podemos converger, que no se necesita más que de un libro para leer.
COLUMNA
¿Dónde quedó el diseño en el pabellón de diseño gráfico y caricatura?
Por Juliet Rodríguez Cuevas

Quizá el pabellón más visitado por los jóvenes asistentes a la Feria es el de diseño gráfico y caricatura. Anualmente allí se reúnen diferentes artistas para mostrar su trabajo en los diferentes stands.

Desde retratos hasta caricaturas se encuentran exhibidos en los diversos paneles. Cada rincón del pabellón se convierte en un despliegue de colorido y creatividad que incentiva a los jóvenes a emplear su ingenio.

Sin embargo, pareciera que este pabellón durante los primeros días de la 20ª Feria Internacional del Libro de Bogotá se hubiera encontrado olvidado. Sólo unos cuantos el día 21 de abril, tres días después de su inauguración, habían salido a mostrar los trabajos de un arduo año de labor, la mayoría influenciados por la cultura oriental.

En la parte trasera del pabellón, se podía llegar a sentir un aire de olvido. A unos metros de que concluyera el recinto no había nada, era un espacio vacío que hasta daba la impresión de ser lúgubre. Lo único que le daba vida a esta parte trasera era el periódico interuniversitario ex-libris.
A la entrada, un stand de la empresa de telefonía móvil Movistar parecía dar la bienvenida a una feria de teléfonos celulares, llegué a pensar que me había equivocado de pabellón cuando me encontré con aquel despliegue de verde y azul. Creo que no era el lugar apropiado para realizar el montaje de la empresa Telefónica.

El diseño gráfico pareciera que se les olvidó incluirlo en este pabellón. Me encontré durante mi recorrido por los diferentes stands con diferentes creaciones manga y comic, caricaturas y retratos, pero por más que busqué no encontré el diseño gráfico; de pronto se perdió y se quedó diseñando en algún otro pabellón.

A pesar de todo eso, pude apreciar que existen demasiados jóvenes talentosos, que se esfuerzan y se dedican de lleno a desarrollar todas sus habilidades artísticas. Los pocos trabajos expuestos hasta ese sábado me dejaron claro que el talento en Colombia es de gran potencial.

Es tiempo de que los jóvenes colombianos muestren su talento, su creatividad y su ingenio y se tomen ese pabellón con todo, que exploten al máximo cada rincón que les es prestado por 13 días para realizar un despliegue en el cual se demuestre que se sabe de diseño gráfico y caricatura en Colombia. Contando con el talento en un país como el nuestro con jóvenes tan recursivos, el dinero no sería un impedimento.
COLUMNA
Una Feria entre libros y martillos
Por Juliet Rodríguez Cuevas

Uno de los eventos más esperados en el año 2007 por los habitantes de la capital colombiana, era la vigésima Feria Internacional del Libro. Ésta celebración tenía las bases logísticas empleadas en años anteriores, pero como gran incentivo para este año, estaba la presentación de Bogotá como la capital mundial del libro. No sólo hay que resaltar este hecho que rompe con los esquemas de la historia de la literatura colombiana, puesto que es oportuno enaltecer la celebración de la vida y obra de nuestro Premio Nobel Gabriel García Márquez. Así pues, que ensalzados por un evento de tan alta magnitud, la lógica sugería que todo debería ser perfecto, tanto a nivel logístico como a nivel organizativo, dejando a esta edición de la Feria del Libro como una de las mejores de la historia de nuestro país.

Aunque hay que reconocer que la organización al interior de cada pabellón fue buena, la asistencia del público fue excelente y el volumen de ventas fue altamente significativo, no se puede dejar de lado el extraño contraste que mostraban las construcciones frente a los pabellones 10 al 17 y detrás del 4, del 5 y del 9, los cuales se convirtieron, para mí, en la mancha negra de una Feria del Libro que debía ser impecable.

Teniendo en cuenta que este evento es planeado por los más altos organismos gubernamentales de la ciudad y es auspiciado por un anfitrión con tanta experiencia como lo es CORFERIAS, es digno de desconocer que un arreglo de tan exageradas magnitudes haya sido realizado en pleno marco de la Feria; pues hay que analizar que esta zona libre es una de las áreas más grandes que tiene este centro de eventos para la cómoda movilidad de las personas, lo que en algunos momentos reflejó el inocultable hacinamiento humano con el elevado flujo diario de visitantes.

Por otra parte, estos arreglos de planta física representaron un irrespeto, que de manera directa para algunos e indirecta para otros, afectaron su desempeño en la Feria del Libro. Por ejemplo, el pabellón juvenil recreaba la vista de muchos visitantes con sus propuestas decorativas, pinturas alternativas, canales de televisión como Canal 13 y un mundo de letras plasmado a lo largo y ancho de sus paredes, que hacían que los espectadores salieran encantados para desmotivarse al encontrarse con un panorama de arena, ladrillos y retroexcavadoras. No sólo este pabellón se vio afectado, también el de Libro del Artista, uno de los más relevantes como Gabo del Alma y aquel que no tiene punto de comparación al ser uno de los pilares de la Feria Bogotá Capital Mundial del Libro.

También hay que reconocer que con el paso de los años la Feria ha dejado de ser netamente una reunión de escritores, libros y letras y ha pasado a compartir progresivamente esta faceta literaria con otra clase de representaciones artísticas como la caricatura, el dibujo y la pintura. Quizás por el poco tiempo que estas expresiones del arte llevan vigentes en este evento, es que no han logrado el posicionamiento necesario para estar en los pabellones más visitados, puesto que es más que evidente que los libros se seguirán llevando el protagonismo de la Feria. Pero esto no implica que por el poco tiempo que se lleve en un espacio tan amplio y competido como este, sea ubicada frente a su entrada principal una construcción que aún está por terminar.

Probablemente la estrategia que a última hora la organización de CORFERIAS quiso plantear, radicó en promocionar los pabellones ubicados en el área de la plazoleta principal para que los visitantes estuvieran motivados a llevarse una primera buena impresión de la Feria. También ubicaron en puntos estratégicos de la plazoleta principal, en la rotonda de las banderas, a los vendedores de crispetas, fresas con chocolate y otros confites, quienes servirían de distractores para que las personas no se fijaran totalmente en el “pequeño incidente” que había en la parte trasera del centro de eventos.

De esta forma puede llegar a pensarse que los pabellones mejor ubicados y más beneficiados este año fueron aquellos localizados en la plaza principal. A mi manera de ver, es inevitable ocultar que los organizadores quisieron tapar su error, sin darse cuenta que de manera inescrupulosa estaban pasando por encima de la dignidad de aquellas personas que trabajaron arduamente por el éxito de la Feria del Libro y que desafortunadamente fueron ubicadas en los pabellones que este año pueden llamarse “los pabellones del olvido”.

No sólo a nivel general, también de manera específica se puede hablar de Ex – Libris, el periódico interuniversitario que fue ubicado en uno de estos pabellones que infortunadamente pasaron en esta 20ª Feria del Libro, sin pena ni gloria, arruinando la posibilidad que algunos alumnos externadistas pertenecientes a este medio se hayan dado a conocer de manera más significativa, sin demeritar en algún momento su incansable y admirable gestión.

Cabe cuestionarse si algunas de las editoriales, o grupos participantes en esta Feria han tenido cierta influencia para quedar mejor ubicados que otros. Creo también que es evidente que los “preferenciales” estuvieron organizados en pabellones con stands que desempeñaban su misma función o alguna similar. Por el contrario, los independientes tuvieron que ser relegados a pabellones que en su interior reflejaban una mezcla de culturas, artes, que entre otras cosas, hicieron ver cómo sólo algunos privilegiados estuvieron en pabellones a su mismo nivel y otros en gran cantidad tuvieron que compartir lugares que no permitían de manera alguna llegar a tener la mínima posibilidad de robarse una pequeña parte del protagonismo de la Feria.

De una manera muy personal, espero que en mi calidad de espectadora y visitante asidua de este grandioso evento, el año 2008 sea mejor y libre de manchas negras que empañen el prestigio de esta Feria que cada año busca enaltecer el nombre de nuestra ciudad. No puedo ocultar la tristeza y el desencanto que siento al pensar que esta Feria pudo ser diferente y aunque el otro año se tendrán que corregir los errores cometidos en esta edición, es una verdadera lástima que pensemos en mejorar justo en el momento en el que tengamos que entregar nuestro cetro como la Capital Mundial del Libro.